lunes, enero 29, 2007
Retrato artístico
En un incomprensible compromiso con la estética, dibujé mi brazo izquierdo. Lo contemplé partido por una raya de tinta negra muda y aburrida. Supe que algo andaba mal. Busqué mi reflejo en uno de los espejos de la casa, pensando en llevar el asunto un poco más allá. Dibujar mi cara, atentar contra el orden establecido de los espacios y las distancias. Una línea desde la comisura izquierda de la boca hasta el reborde del ojo derecho, pasando por debajo de la quijada. Con la pluma sobre la imitación de mármol, pude contemplarlo mejor. Ahora sí me hablaba. Recordé viejos folklores, folklores de sangre; la tentación de ir todavía más lejos fue insoportable. Tomé la pluma fuente con ambas manos y, con severa lentitud, la fui acercando hasta mi. No era un gran recorrido, pero el tiempo se detuvo en esos siete u ocho centímetros de pluma fuente y ojo. Suspenso. Tiembla manotinta y ríos rojo oscuro resbalando de sus cárcavas secretas hasta los lugares conocidos. Lamento breve aunque solemne de un ojo chapoteando en el suelo. Morir de esta manera no tiene nada de artístico, dijo.
En un incomprensible compromiso con la estética, dibujé mi brazo izquierdo. Lo contemplé partido por una raya de tinta negra muda y aburrida. Supe que algo andaba mal. Busqué mi reflejo en uno de los espejos de la casa, pensando en llevar el asunto un poco más allá. Dibujar mi cara, atentar contra el orden establecido de los espacios y las distancias. Una línea desde la comisura izquierda de la boca hasta el reborde del ojo derecho, pasando por debajo de la quijada. Con la pluma sobre la imitación de mármol, pude contemplarlo mejor. Ahora sí me hablaba. Recordé viejos folklores, folklores de sangre; la tentación de ir todavía más lejos fue insoportable. Tomé la pluma fuente con ambas manos y, con severa lentitud, la fui acercando hasta mi. No era un gran recorrido, pero el tiempo se detuvo en esos siete u ocho centímetros de pluma fuente y ojo. Suspenso. Tiembla manotinta y ríos rojo oscuro resbalando de sus cárcavas secretas hasta los lugares conocidos. Lamento breve aunque solemne de un ojo chapoteando en el suelo. Morir de esta manera no tiene nada de artístico, dijo.
Etiquetas: literatura de artesano
sábado, enero 27, 2007
Videos de Café: "Bonjour"En aquellos días, este video fue hecho para ella. Es sencillamente un "hola" y tal vez por eso resultó ser el primer video de café (de cuya sesión salió la foto que de paso inaugura el blog; esta te la tiro así, ¿viste? tipo extra de algún dvd). La música es de Django Reinhardt.
Etiquetas: Videos de Café
Nuevo estreno
Videos de Café. Una de las cosas que disfruto en verdad es hacer videos. Con Videos de Café pretendo ir colgándolos del tendal Blog, que ya parece cualquier cosa menos lo que debería ser... por suerte.
Videos de Café. Una de las cosas que disfruto en verdad es hacer videos. Con Videos de Café pretendo ir colgándolos del tendal Blog, que ya parece cualquier cosa menos lo que debería ser... por suerte.
Muchas gracias,
La Dirección
La Dirección
miércoles, enero 24, 2007
Memoria Nº 62
Fui sumiso entre los sumisos. Así me criaron, así me enseñaron. Hoy recuerdo bien algunas cosas que ayer no recordaba. Recuerdo la primera vez que abrí los ojos bajo el agua. No fue un acto de arrojo. El rumor corría entre los chicos de mi edad y yo tuve que probar que no era ningún cobarde. Sólo por hacerlo, fui el más cobarde de todos.
(...)
La primera vez que abrí los ojos bajo el agua, no miré mis manos, la busqué a ella. La vi desde abajo, envuelta en agua, envuelto en una realidad hostil que ardía a cloro. Ese fue el primer recuerdo que guardé de ella: ardía a cloro. Verla quemaba mis ojos. Tuve que aprender a no mirarla más. Me dijeron que no viera, que ver me dejaría ciego, que probar me mataría. Yo escuché (siempre escucho) pero ella no sólo ardía, también sanaba. Era un círculo perfecto y religioso al que me entregué en más de una oportunidad, muchas veces.
Fui sumiso entre los sumisos. Así me criaron, así me enseñaron. Hoy recuerdo bien algunas cosas que ayer no recordaba. Recuerdo la primera vez que abrí los ojos bajo el agua. No fue un acto de arrojo. El rumor corría entre los chicos de mi edad y yo tuve que probar que no era ningún cobarde. Sólo por hacerlo, fui el más cobarde de todos.
(...)
La primera vez que abrí los ojos bajo el agua, no miré mis manos, la busqué a ella. La vi desde abajo, envuelta en agua, envuelto en una realidad hostil que ardía a cloro. Ese fue el primer recuerdo que guardé de ella: ardía a cloro. Verla quemaba mis ojos. Tuve que aprender a no mirarla más. Me dijeron que no viera, que ver me dejaría ciego, que probar me mataría. Yo escuché (siempre escucho) pero ella no sólo ardía, también sanaba. Era un círculo perfecto y religioso al que me entregué en más de una oportunidad, muchas veces.
Etiquetas: literatura de artesano
martes, enero 23, 2007
Sobre la oscuridad

De noche, llora. Mamá supone monstruos escondidos en todas partes, ¿Pero qué sabe ella? Llora porque en la oscuridad hay nada. No hay monstruos, ni muebles, ni cortinas, ni colores, ni distancias, y apenas queda nena para imaginarla rebotando imperceptiblemente sobre la almohada. Se tapa con la sábana y llora. No trata de esconderse, sino más bien de encontrarse. La sábana le devuelve el reflejo ciego de su espalda, y el llanto, la presencia. El truco, querida, es aprender la mentira esa de que las cosas permanecen allí cuando cerramos los ojos o cuando apagamos la luz.
La foto es de Gundega Dege.
Hace falta
Cerrar los ojos
y hacerlos desaparecer
detrás de la métrica ridícula
de una prosa sin rima
¿Quién tiene el poder ahora?
Cerrar los ojos
y hacerlos desaparecer
detrás de la métrica ridícula
de una prosa sin rima
¿Quién tiene el poder ahora?

De noche, llora. Mamá supone monstruos escondidos en todas partes, ¿Pero qué sabe ella? Llora porque en la oscuridad hay nada. No hay monstruos, ni muebles, ni cortinas, ni colores, ni distancias, y apenas queda nena para imaginarla rebotando imperceptiblemente sobre la almohada. Se tapa con la sábana y llora. No trata de esconderse, sino más bien de encontrarse. La sábana le devuelve el reflejo ciego de su espalda, y el llanto, la presencia. El truco, querida, es aprender la mentira esa de que las cosas permanecen allí cuando cerramos los ojos o cuando apagamos la luz.
La foto es de Gundega Dege.
Etiquetas: literatura de artesano
domingo, enero 14, 2007
15 días: Volví.
viernes, enero 12, 2007
Anexo para la entrada anterior
Para el que pueda permitirse el lujo:
http://video.google.com/videoplay?docid=-3562250863327291954&sourceid=docidfeed&hl=es/
Un puentepostal de dos horas de distancia hasta los días donde Julio Cortázar.
Para el que pueda permitirse el lujo:
http://video.google.com/videoplay?docid=-3562250863327291954&sourceid=docidfeed&hl=es/
Un puentepostal de dos horas de distancia hasta los días donde Julio Cortázar.
Aquellas
—Como quieras, en todo caso yo buscaré siempre esas mujeres que inventan cada cinco minutos el aeroplano o el submarino, figurativamente hablando, que no pueden ver un par de tijeras y una hoja de papel sin recortar un conejito, que cocinan echando miel en vez de aceite en la sartén para ver qué pasa con las costillas de cerdo, y que en cualquier momento se ponen el rimmel en la boca y el rouge en las cejas.
—Mutatis mutandis, vos querés que sean como vos, rimmel aparte.
—No que sean como yo, pero que me hagan sentirme yo mismo a cada minuto.
—Las musas, en una palabra.
—No es por egoísmo ni porque ande necesitando palancas para mover el mundo. Solamente que vivir con una mujer pasiva me aplasta poco a poco, me quita las ganas de cambiarle la yerba al mate, de cantar a gritos mientras me baño; hay como una especie de sorda llamada al orden, de cada cosa en su lugar, el canario está triste, la leche no se va al fuego, es siniestro.
—Como quieras, en todo caso yo buscaré siempre esas mujeres que inventan cada cinco minutos el aeroplano o el submarino, figurativamente hablando, que no pueden ver un par de tijeras y una hoja de papel sin recortar un conejito, que cocinan echando miel en vez de aceite en la sartén para ver qué pasa con las costillas de cerdo, y que en cualquier momento se ponen el rimmel en la boca y el rouge en las cejas.
—Mutatis mutandis, vos querés que sean como vos, rimmel aparte.
—No que sean como yo, pero que me hagan sentirme yo mismo a cada minuto.
—Las musas, en una palabra.
—No es por egoísmo ni porque ande necesitando palancas para mover el mundo. Solamente que vivir con una mujer pasiva me aplasta poco a poco, me quita las ganas de cambiarle la yerba al mate, de cantar a gritos mientras me baño; hay como una especie de sorda llamada al orden, de cada cosa en su lugar, el canario está triste, la leche no se va al fuego, es siniestro.
(Fragmento de la novela: "El Libro de Manuel" de Julio Cortázar)
miércoles, enero 10, 2007
Ola, Ola
Vacaciones, pero si no hago algo les juro que me mato. Por suerte conseguí un cuaderno y una lapicera. Es difícil no caer en la práctica estéril de la cual mi hermano es federado hace años, la queja por la queja, ¡Pero es que yo no necesitaba vacaciones! Acá las cosas no son y si son, son una finura gruesa, como la de los caracoles finamente molidos en inconvenientes geometrías a la hora de caminar de regreso al auto porque el sol está que para qué te cuento. Para los piensapositivos de siempre: hay algunas ventajas. Leo libros y abuso de mi cuaderno con apasionada frecuencia. Para los que no lo crean: Surf. Las tablas grandes son más fáciles que las tablas chicas y guarda, me picó algo, vamos más para allá, pero pará, ¿Vos estás loco? ¡Mirá qué olas! De noche vamos a restoranes donde los que atienden juegan a que son griegos, mejicanos o italianos (¡Ay Claudito! La sociedad italiana del centro viejo tiene las mejores pastas y unas señoras que hablan de vaya uno a saber qué, que se visten todas de negro y que otro señor las trata de "Nona", pero que uno en el fondo no se confía, porque a fin de cuentas, todo es parte del envairoment). En el resto mejicano practiqué mi acento y me la pasé comiendo fajitas de queso y hongos (momento felizestivalcostero de la quincena). Confieso: A esta altura me preocupa que ya nadie advierta mi ausencia en Capital. Igual, esto entre nosotros, porque el blog es mi botella en el mar, y cómo lo quiero (no al mar, al blog).
PD: ¡¡Gracias, Violette !! Au revoir.
PD: Paloma , ¿Qué otra cosa me gustaría más?
Vacaciones, pero si no hago algo les juro que me mato. Por suerte conseguí un cuaderno y una lapicera. Es difícil no caer en la práctica estéril de la cual mi hermano es federado hace años, la queja por la queja, ¡Pero es que yo no necesitaba vacaciones! Acá las cosas no son y si son, son una finura gruesa, como la de los caracoles finamente molidos en inconvenientes geometrías a la hora de caminar de regreso al auto porque el sol está que para qué te cuento. Para los piensapositivos de siempre: hay algunas ventajas. Leo libros y abuso de mi cuaderno con apasionada frecuencia. Para los que no lo crean: Surf. Las tablas grandes son más fáciles que las tablas chicas y guarda, me picó algo, vamos más para allá, pero pará, ¿Vos estás loco? ¡Mirá qué olas! De noche vamos a restoranes donde los que atienden juegan a que son griegos, mejicanos o italianos (¡Ay Claudito! La sociedad italiana del centro viejo tiene las mejores pastas y unas señoras que hablan de vaya uno a saber qué, que se visten todas de negro y que otro señor las trata de "Nona", pero que uno en el fondo no se confía, porque a fin de cuentas, todo es parte del envairoment). En el resto mejicano practiqué mi acento y me la pasé comiendo fajitas de queso y hongos (momento felizestivalcostero de la quincena). Confieso: A esta altura me preocupa que ya nadie advierta mi ausencia en Capital. Igual, esto entre nosotros, porque el blog es mi botella en el mar, y cómo lo quiero (no al mar, al blog).
PD: ¡¡Gracias, Violette !! Au revoir.
PD: Paloma , ¿Qué otra cosa me gustaría más?









