miércoles, octubre 21, 2009
Siempre tendremos Cuba

............Habíamos olvidado las tazas de café sobre la mesa y las luces en la ciudad. El aroma cargado de la rivera permaneció junto a las parejas que se habían quedado en la playa de Santa María para escuchar abrazados el suspiro del último son. Habíamos dejado las cosas en el hotel y los zapatos en la terraza. Corríamos sobre la arena. Ella tomaba fuerte mi mano porque sabía que si la dejaba ir yo no tendría el valor para seguirla. Nos alejábamos cada vez más. –Ya estamos cerca. –Gritó. Y la oscuridad nos devoraba. A ella le había sorprendido saber que yo nunca lo había hecho. Dejó de correr y tropezamos. Me abrazó. A pesar de la oscuridad, su piel llevaba el perfume del sol. –Te espero. –Dijo. La sentí alejarse. Detrás de nosotros, la ciudad resplandeciente era nuestro faro. –Para entrar tienes que darle la espalda a todo y dejarte ir. –Me había dicho. –No hay por qué temer, para regresar sólo tienes que nadar hacia la Habana.

............Avancé a tientas y me entregué al mar pues ella me esperaba. Habíamos dejado el miedo sobre la playa.

Etiquetas:





miércoles, abril 22, 2009
Castillos de cartas

............En ese sentido sos tan diferente a la otra. Pero no hablemos de la otra. No pensemos en la otra. Cerremos los ojos y seamos otra cosa, me diría ella. Ser otra cosa, como si fuera tan sencillo. Pero tu piel es el molinete que se traba en el camino de vuelta y me aprisiona de tu lado de las cosas. Quedo cautivo en el mundo-camila, tan celeste y suave. Nunca te lo dije, pero cuando nos acostamos siento una culpa terrible. Es como violentar una paz por siempre guardada y secreta, soplar con fuerza uno de esos castillos de cartas que tanto cuestan levantar. Y cuando terminamos, cuando nos volvemos a poner nuestros nombres, cargamos juntos con el luto. Te veo reconstruir con paciencia ese castillo de cartas que es Camila.
............Rube diría que soy un estúpido, ¿ves? Nunca ensayé preguntarte nada. Tal vez prefiera pensarte así; creer que los castillos de cartas son tuyos.

Etiquetas:





martes, febrero 10, 2009
Un buen hombre

............¿Cualquier cosa?, preguntó el nene. Sí, cualquier cosa, respondió el padre. ¡Quiero un caballito azul como el que tiene marcos! El padre levantó al hijo y lo sentó sobre su falda. Ella tenía que verlo. Era un buen padre. La madre secaba una olla. Él no estaba seguro pero ella tenía que verlo. Claudia era un libro cerrado. En realidad, para él daba lo mismo que ella fuera un libro abierto o uno cerrado. No le gustaba perder el tiempo en esas cosas.
............Recordaba esto mientras esperaba. Era muy tarde o muy temprano, dependiendo de cómo se lo viera. La madrugada le mordía la piel que no estaba cubierta con guantes o campera. Había calculado tres o cuatro noches de trabajo. Con eso podría comprar el caballito azul. Pero la navidad estaba tan cerca. Un par de noches nomás, y él esperando en la madrugada. Escupió en el suelo y maldijo a su madre.
............Imaginó la cara de su hijo al verlo llegar con un paquete que no sabría esconder su naturaleza de caballito. ¡Gracias papá! Ahí va un hombre formidable, con el mejor regalo de todos. ¡Bravo! Y al menos por un momento, se olvidó del frío y sonrió satisfecho. Claudia no podría reprocharle más nada. En verdad era un gran hombre.
............Un auto dobló en la esquina. Venía en su dirección. Sí, dos noches más en la fábrica antes de navidad y listo. Les caía bien a todos. Podría pedir las horas extras y hasta un adelanto. Aplaudió de gusto en la oscuridad y sacudió sus manos para ahuyentar al frío. Llegaría, y este pensamiento lo amparó como el abrazo de las sábanas al final de un día difícil. La esperanza entera.
............El auto se detuvo y una mujer le abrió la puerta. Él miró alrededor antes de subir. Era tarde para ir a la fábrica, pero no importaba. Lo compraría de cualquier manera. Mañana haría un turno doble. Besó a la mujer. -Estás de buen humor. -Le dijo ella. Ya van a ver, un caballito azul para navidad. Un hombre formidable.

Etiquetas:





jueves, enero 29, 2009
Rincón

-Juntá la ropa esa.
-¿Cuál ropa?

............Ella le señala un rincón que estuvo escondiéndose de él.

-El pantalón y las medias, por favor.
-¿Por favor?
-Sí, por favor.

............Él rueda sobre la cama hasta que el rincón se le revela plenamente. Y lo acaricia sin necesidad de levantarse. Hunde la mano dentro de su barriga y le arrebata la ropa de las entrañas. El rincón no chilla ni tiembla.

-¿Dónde querés que la deje?
-Da igual.

............La mira con desconcierto.

-¿Por acá está bien?
-Sí, está bien.

............Ella se sienta en la cama y él vuelve a rellenar el rincón de ropa.

-Hace un rato no era yo, ¿viste? Es que tuve una impresión.
-¿Qué impresión?
-Es difícil de explicar. Venía por el pasillo y sentí que actuábamos, que los dos actuábamos. De golpe quise dejar de ser yo, un rato ¿entendés? Con el tema del pantalón y eso. Pero todavía siento que actuamos.

............El se ríe.

-¿De dónde venías? -Pregunta.
-Fui a buscar un poco de agua.
-El agua te pone complicada, mi vida. Deberíamos dejarla de una vez. ¿Qué te parece si la vamos cambiando por cerveza?
-Está bien. -Pero reflexiona. -¿Te molesta si nos miro desde afuera mientras las tomamos?
-No, para nada. Esta noche podríamos llamarnos de otra manera.
-Me parece bien. Voy a buscar las cervezas.

............Y la vio irse. Regresaría con las cervezas, pero sería otra. Se preguntó si alguna vez volverían a encontrarse. No, mejor una cerveza para ocuparse de otras cosas. En algunos rincones es mejor no meter la mano, pensó.

Etiquetas:





martes, enero 20, 2009
180

............
Gotas inmensas estallaban como bombas pequeñitas sobre nuestros hombros y paraguas. Y aún así pude adivinarla entre las demás. Como un amanecer abriéndose paso entre la oscuridad, una lágrima se abrió paso entre la lluvia y cayó sobre mi labio. De improviso, la chica más linda de todas y una lágrima que inunda el corazón y lo comprime dulcemente. El tren silbó furioso y un tipo de chaquetón oscuro, que ya había subido mis valijas, me extendía su mano. Me sacaría del mar. Una lágrima sin nombre, sin historia, que ignoraba que yo existía y un mundo injusto en el cual yo no podía hacer nada por ella. Tomé la mano que se asomaba del chaquetón y fui subido de inmediato, como una valija más. Me condujeron entre los asientos mientras las ventanas que daban al andén me devolvían distintos retratos de la chica con su lágrima en la mano; un oasis entre la multitud que se despedía de tantas maneras. El tren emprendió su marcha cuando mi asiento y yo nos encontramos. Una lágrima que no cabrá jamás en ciento ochenta palabras. Huíamos del amanecer.

Etiquetas:





viernes, enero 16, 2009
Los límites perdidos

............A veces se despierta debido la incómoda sensación de no ser despertado. Julia, dormida, le da el culo o le babea un hombro con ese rico olor a pelo. María, en cambio, tenía la costumbre de despertarlo por las noches.
............Cuando todo estaba oscuro, ella empezaba a olvidarse de cómo era la habitación; y los detalles de la imagen que había guardado antes de apagar la luz, se le iban como sal entre los dedos. El mundo entero se perdía y se mezclaba con el advenimiento del sueño y el apremio de lo inconsciente. Lo que nos pasa a todos, salvo que a ella le costaba mucho esto de abandonarse. Sus ojos resbalaban en la oscuridad pues no tenían de donde aferrarse. El cuerpo, dentro de la cama, tomaba esa temperatura neutral que confunde los límites entre las sábanas y la piel. Ella entera, a pesar de sus esfuerzos, quedaba reducida a una sensación, a un recuerdo. Entonces lo llamaba por su nombre o le preguntaba si dormía. Y su voz, lo último que quedaba, era arrojada a la inmensidad como la carta del náufrago en su botella.

-Estaba durmiendo, María. ¿Qué carajo querés ahora?
-Te extraño.

............Y él también, a pesar de sus esfuerzos, empezó a extrañarla.

Etiquetas:





miércoles, diciembre 24, 2008

Inflación

............Se agarraba el cuello con las dos manos, gritando. Y la sangre lo recorría por completo como un río que se perdía en su culo desnudo y reaparecía por entre sus piernas. Temblaba pero todavía no se había caído al suelo.

............Los chicos y yo tratábamos de entender qué era todo eso de la inflación. Luís tenía la cara redonda como una moneda y nunca tenía un peso en los bolsillos. Fumaba los cigarrillos que nosotros robábamos de nuestros viejos. Porque papá no fuma. Porque la familia tiene mucha plata pero no quieren malcriarlo. Porque papá es jefe de una compañía. ¡Mierda! También tiene un televisor a color. ¿Alguna vez conocieron a un mentiroso? Me refiero a un gran mentiroso. Bueno, Luis mentía el doble. No sé por qué aguantábamos sus mentiras. Lo hicimos desde el primer día. Vivía en una casa de mierda con las paredes sucias. Y cuando lo íbamos a visitar, el televisor a color estaba siempre descompuesto. Es que papá es un detallista y quiere que funcione mejor que uno nuevo, nos explicaba.

............Estábamos en el patio trasero de Miguel. Miguel era alto y flaco. Un tipo genial, muy divertido. Su mamá siempre estaba borracha y su papá no estaba nunca. Su casa parecía estar vacía y dispuesta la mayor parte del tiempo. Era el único lugar donde podíamos fumar cigarrillos o tomar vino en paz. Cuando Miguel no hablaba también parecía un poco vacío, pero generalmente era muy divertido. Daniel espiaba a través de los arbustos que rodeaban el patio trasero de la casa. Me hizo una seña para pedirme un cigarrillo. Se lo tiré a los pies. Justo a los pies. Yo tiraba muy bien los cigarrillos. El truco estaba en hacerlos viajar como una bala y no girando a lo pavo. Daniel esperaba a la vecina de Miguel, el otro motivo por el cual valía la pena reunirse ahí. Ella era un poco más grande que nosotros. Si teníamos suerte, se llevaba a los amigos de su novio al patio y se los cogía delante de nuestras escondidas humanidades. Ella sabía que la espiábamos y nosotros sabíamos que lo sabía. Todos sabíamos menos los tipos que tropezaban una y otra vez entre sus piernas. Esos nunca sabían nada.

-Yo no quiero tener nunca una novia. –Dije. –Se va a coger a mis amigos en el patio mientras estoy trabajando en un supermercado o lo que sea. Prefiero ser el que se las coge mientras los demás están trabajando.

-Pero si llegás a ponerte de novio, por favor, que esté bien buena. Tenés que pensar un poco en tus amigos. –Exclamó Miguel.

............Todos se rieron. Al carajo la inflación. De todas maneras no la entendíamos. Ninguno de nosotros quería admitir que en el fondo no tenía la menor idea. Habíamos hablado de ella como hablaban los adultos: es una mierda, si; y nos está jodiendo, si; es el gobierno, claro; ya no se puede comprar nada y uno no puede ahorrar porque los precios suben o bajan. A lo mejor ni los adultos sabían lo que era la puta inflación. Deberían hablar de coger, como nosotros. Ellos sí sabían de esas cosas. Una vez, mamá volvió del supermercado y le dijo a papá que no había podido comprar la carne para hacer las milanesas porque todo estaba tan caro. A papá le dio un ataque de nervios. Saltó del sillón y empezó a gritar todas esas boludeces que repetían todos. Entonces se agarró la cabeza y dijo: ¡Mierda! ¡Me están cogiendo!

............Daniel empezó a masturbarse con una mano mientras sostenía el cigarrillo y apartaba las ramas con la otra. Luís se acercó sin hacer ruido para ver si la vecina de Miguel había empezado el show. Volvió desilusionado.

-Es un pajero. –Dijo. –Se está tocando por nada. -A Daniel pareció no importarle el comentario.

............Miguel fumaba reclinado sobre su codo izquierdo. Estábamos echados sobre el pasto. Me miraba sonriendo.

-Son todos unos pajeros. –Señalé. Miguel no se dio por aludido. -¿Así que una bien buena, eh? ¿Y cómo te gustan? –Le pregunté.
-Pelirrojas y con buenas tetas.
-Seguro que sí. –Exclamé. Luís y Miguel se rieron.

............Algo en esa risa, en la pajeada de Daniel y en las mentiras de Luís. ¿Qué estábamos haciendo ahí atrás? ¿Qué era todo eso? Una gran nada. Tenía ganas de patearle la boca a Miguel. Unos murmullos provenientes del otro jardín llenaron el silencio que se había hecho entre nosotros.

-¿Sabés qué? –Le pregunté a Miguel. -¡Tendría que patearte la boca, hijo de puta!
-¿Ah sí?
-Sí.

............Daniel nos hizo una seña para que mantuviéramos el asunto en silencio o tal vez para avisarnos que ya habían empezado. No sé. Era otro pajero de mierda. Luís se acercó a los arbustos y también empezó a tocarse. Dos cerdos atragantándose con la cabeza enterrada en el balde de basura. Miguel apagó el cigarrillo y se puso de pie. Se bajó la bragueta.

-¿A dónde mierda te pensás que vas? –Le pregunté mientras me ponía de pie.
-Voy a ver como se cogen a tu novia. –Me dijo sonriendo.

............Tenía el pito afuera. Los dos sonreían, el pito y él. Era un tipo gracioso. Se sacó los zapatos, las medias, el pantalón y los calzoncillos. Tenía el pito más largo y siempre que podía se lo mostraba al mundo. Mientras caminaba hacia los arbustos me dijo: Deberías irte a trabajar, che. La vecina había empezado a gritar. Los tipos que estaban con ella nunca gritaban. Era como si estuvieran tratando de controlar un auto fuera de control. Como si estuvieran asustados o haciendo un gran esfuerzo. Los únicos que la pasábamos bien éramos la vecina y nosotros.

............Levanté una piedra plana, de bordes afilados. Una piedra magnífica. Se la tiré al hijo de puta con todas mis fuerzas. Y la piedra surcó el aire como una bala.

Etiquetas:





 

 
 

 

 

Listado de enlaces a otros blogs.

Listado de enlaces a todo 
lo que no sea estrictamente un blog.



Un servicio de FeedBlitz